miércoles, 22 de julio de 2015

El gran engaño de los cereales

Parecen un alimento sano: en sus cajas informan de que contienen hierro, vitamina B12, vitamina D, vitamina E y ácido fólico, entre otros. Sin embargo, múltiples nutricionistas claman contra ellos: tienen demasiado azúcar y sus bondades no son naturales, sino añadidas. Quizá su máximo exponente sean los Corn Flakes de Kellogg’s por su historia, por su amplia presencia y, sobre todo, por ser buque insignia. Son un clásico. Tal es su aceptación que ya se ha olvidado su origen comercial: el de comida rápida.

El doctor John Harvey Kellogg y su hermano Will Keith Kellogg inventaron los cereales por casualidad en 1894 y pronto se popularizaron entre los pacientes del sanatorio que dirigían. Por ello, en 1906 crearon una empresa para comercializarlos. Eso sí, para asegurarse el éxito, introdujeron algo de azúcar en la receta, que con los años fue en aumento. «Los cereales para el desayuno pronto comenzaron su descenso hacia la tierra baldía nutricional de los cereales azucarados modernos, realizando esfuerzos de marketing dirigidos a los primeros niños del “baby boom” después de la Segunda Guerra Mundial», asegura Heather Arndt Anderson en su libro «Breakfast: A History (The Meals Series)».

Su avance fue imparable: no sólo satisfacía el gusto de los más pequeños —los cereales de General Mills llegaron a tener un 46% de azúcar en 1954, según el experto Andrew F. Smith— , sino que gracias al márketing y a las cambios sociales —la mujeres entraron en el mercado laboral— todos los factores parecían favorecer su trayectoria.

A partir de los años 30, las empresas de cereales empezaron a crear «mascotas» divertidas para los anuncios y en 1946, Kellogg’s también comenzó a regalar junto con los cereales pequeños juguetes de plástico para así captar la atención de los más pequeños. En pleno «baby boom» en EE.UU., tras la Segunda Guerra Mundial y con las madres entrando en el mercado de trabajo —y, por tanto, con menos tiempo—, los cereales se convirtieron en el sustituto de un desayuno variado y nutritivo. En la actualidad, el 90 por ciento de los niños estadounidenses toman cereales para desayunar, aunque la concienciación social y las organizaciones de consumidores han empujado a las empresas a reducir los azúcares, enriquecer con vitaminas y minerales el producto o buscar fórmulas que, no obstante, siguen sin convencer a todos.

Fuente.- abc.es


lunes, 6 de julio de 2015

Diez consejos para cambiar de hábitos

1. Elija su propósito y conviértalo en su proyecto. Seguro que, si confecciona una lista, se dará cuenta de que tiene muchas inquietudes. Pero no podemos cambiar o embarcarnos en todo a la vez. Olvide su cerebro multitarea y no quiera modificar todo de golpe. Cuando consiga automatizar el primero, pase al segundo.

2. Reflexione sobre su meta. Si contesta a las siguientes preguntas en relación a su objetivo, su compromiso con él aumentará: ¿qué quiero?, ¿por qué?, ¿para qué? y ¿con qué? El “con qué” hace referencia a sus fortalezas, valores y actitud para lograrlo. Cuando se enfrenta a algo nuevo, y dado que eso supone salir de la zona confortable, es recomendable tener la seguridad y la confianza de que está preparado, que tiene capacidad y que va a poder lograrlo. Aunque sea difícil.

3. Hágale hueco. Sea lo que sea lo que desea aprender o iniciar, necesita tiempo. Si no le busca un espacio en su agenda y lo convierte en rutina, lo normal es que termine postergando lo que ahora no forma parte de su vida.

4. Resáltelo. Todo aquello que no forma parte de nuestro orden habitual es fácil olvidarlo. Si tiene una agenda, márquelo con fosforito. Si utiliza la alarma del móvil, póngase una diaria con el nuevo objetivo. No abuse de su memoria o del “debería acordarme”.

5. Rodéese de todo lo necesario, así no tendrá excusa para no empezar. Por ejemplo, si está a dieta, compre los alimentos del régimen; si empieza a hacer deporte, busque la ropa que va a ponerse, o si se inicia en la fotografía, prepare el material.

6. Empiece hoy. No hay ningún estudio con rigor científico en el que se relacione el lunes o el primero de enero exclusivamente con el comienzo de un nuevo hábito. El martes o el jueves son tan buenos días como cualquier otro. Retrasar todo para el lunes es otra manera de postergar y de dejar que la pereza venza a su fuerza de voluntad. El mejor día para iniciar algo es hoy.

7. Emociónese. Las emociones avivan el recuerdo, le producen bienestar, y estar apasionado con lo que se hace fideliza el hábito. Busque cómo se siente, lo que va a conseguir, cómo mejorará su vida personal o profesional. Disfrute y esté presente.

8. No escuche a la voz interna que le dice que está cansado, que qué sentido tiene y que la vida tiene cuatro días y son para disfrutarlos. Nuestro cerebro está muy entrenado para buscar excusas y seguir en la zona confortable. Esa voz interior es muy pesada y puede llegar a ser muy convincente.

9. Sea disciplinado. Tómese en serio su hábito. Tomarlo en serio no significa que se ponga serio, sino que sea una prioridad para usted, algo a lo que dedicarle su valioso tiempo. Y que ocupe un lugar especial en su agenda.

10. Convierta su nuevo hábito en su filosofía de vida. Esto le dará otra dimensión y calma. No se trata de aprender algo ya, sino de que lo disfrute y sepa que tiene toda la vida para practicarlo. Si, por ejemplo, ha decidido empezar con la actividad física, no se sienta mal si un día falla. Tiene mañana, pasado y toda la vida para hacerlo. No se trata de llamar a la culpabilidad. Esa emoción no arregla nada. Solo hay que ser disciplinado y tener serenidad. Si de verdad es algo importante, mañana volverá a la carga. No es todo o nada. Se trata de incorporar algo bueno para cada uno y encajarlo en la vida para disfrutarlo, no para que sea un sufrimiento más en el caso de no poder cumplirlo un día.

Fuente.- elpais.com